Después de unos días de descanso, y preparando mi nueva aventura en mi nuevo trabajo, aquí vuelvo con energías renovadas a contar una de las anecdotas que me ocurrieron hace mucho tiempo, cuando estaba empezando en todo este mundillo.
Puede que para los que trabajamos con los ordenadores a diario, la diferencia entre
encender y
arrancar esté lo suficientemente clara, pero para los clientes parece que no. Nadie les pide tampoco que lo esté, pero, como os decía, yo estaba empezando en esto, y daba por supuestas muchas cosas que ahora no. Esta es la conversación que tuve con un cliente, que no tenía muy claras las cosas:
Cliente: Oiga, mire, es que mi ordenador no arranca.
Técnico: (Era novato, pero no tonto) Entonces, usted enciende el ordenador, pero no llega a aparecer Windows, ¿verdad? ¿Que pantalla es la que le llega a aparecer?
Cliente: Ninguna.
Técnico: Pero ¿cuando usted pulsa el botón de la torre, el ordenador se enciende?
Cliente: Si, si.
Técnico: (Vale seguro que es un fallo del monitor) ¿El monitor está encendido?
Cliente: Si, enciende perfectamente, el problema es que no arranca la torre.
Técnico: (Pues nada, toca hacer pruebas) De acuerdo, encienda el ordenador, y nada más encenderlo, empiece a pulsar la tecla F8 intermitentemente.
Cliente: Esperese, que voy a por una linterna, que es que se me ha ido la luz hace un rato...
Bueno, ya os imaginais donde estaba el fallo, ¿no? El cliente pretendía que el ordenador funcionase sin electricidad. Claro, que esto corrobora una de las máximas de los servicios técnicos.
Por lo que más quieras, no creas todo lo que el cliente te dice. Este individuo aseguraba que el monitor estaba encendido...